Torreperogil, Jaén (España)

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Reportaje Criadero Perros de Agua UBBADAT en el periódico EL MUNDO

ARTÍCULO PUBLICADO en «Actualidad Económica»
Periódico EL MUNDO (tirada nacional – España)
Domingo 14 de Junio de 2020

Autor: Federico Durán
@sansonberlin

EL PERRO DE AGUAS YA TIENE SU "LUTHIER"

David Colmenero cría en un remoto rincón de Jaén algunos de los canes más cotizados del mundo.
Australianos, filipinos, neoyorkinos y argentinos viajan hasta su casa maravillados por la belleza e inteligencia de un perro genuinamente español.

David Colmenero se había desplazado a la sierra de Segura (Jaén) para visitar una cooperativa de aceite de oliva. Después de unos años de éxito con clientes en España, Portugal, Italia y Alemania, su estudio de diseño y publicidad había cerrado y él intentaba recomponerse en solitario. Durante la espera, un pastor apareció con su rebaño. Lo dirigía con firmeza una perra de aguas negra azabache. Tras una charla breve, el pastor le condujo a un corral lleno de paja donde varios cachorros retozaban. Colmenero se quedó uno sin saber que en ese preciso instante daba a su vida un giro de ciento ochenta grados.

Ubbadat (Úbeda en árabe) es el afijo (apellido) que utiliza este criador para sus perros de aguas, tan estimados que vienen a buscarlos desde California, Nueva York, Argentina, Finlandia, Australia y Filipinas. Colmenero ha aplicado su experiencia previa en un sector entregado demasiado a menudo al volumen sin garantías, práctica que censura abiertamente.

“Yo crío 15 cachorros al año en camadas planificadas con mucha antelación. A mis hembras, que son la base de todo buen criadero, les asigno un máximo de cuatro camadas a lo largo de sus vidas y las retiro a los seis años, y entonces decido si se quedan en casa o se marchan con una familia”, cuenta este jiennese de 43 años.


“Esto no es una fábrica, sino una selección de la raza”

Periodico EL MUNDO. Reportaje criadero UBBADAT

Utilizados en operaciones de rescate, contra el narcotráfico e incluso con niños autistas, los perros de aguas (conocidos también como turcos andaluces) proceden de las serranías de Cádiz, Ronda, Málaga y Jaén y de las marismas del Guadalquivir, donde los pescadores tomaban sus servicios dado su carácter ágil, tamaño medio, profunda lealtad y extrema inteligencia. Dicen que un pastor podía bajar al pueblo a beber su carajillo sin preocuparse por que un extraño intentase robarle al guardián: tal es la desconfianza de la raza que jamás se acercará a un extraño.

Hay quien vende cachorros por 100 ó 200 euros, pero el pedigrí, los estudios genéticos y las garantías del servicio posventa marcan la diferencia entre la filosofía de baratillo y una propuesta premium.

“Criadores de perro de aguas de verdad hay 20 en España. Y todos merecen mi respeto. Si la gente sólo adoptase, las razas se perderían. Los perros descienden del lobo y el ser humano trabajó con los lobos más domesticados y los destinó a ciertas tareas (guardia, pastoreo, lazarillos). Todos desempeñan su función, que es la que a lo largo de los años ha modificado su carácter y morfología. Si prohibimos la cría llevados por las tendencias animalistas, no habrá perros especialistas y luego nos echarán de menos. ¿Quién va a encontrar a los excursionistas sepultados en un alud de nieve?”.

Colmenero piensa y siente como un luthier. Cuando sus perros nacen, los pesa, los bendice y les pone un nombre. Aunque desde los 12 años adiestraba por pura pasión a pastores alemanes, al volcarse en esta actividad eligió una raza autóctona porque es en el país originario donde siempre se encuentran los mejores especímenes.

En la búsqueda de la perfección, hay tres caminos combinables: el inbreeding(cruces de parientes muy cercanos, normalmente padres e hijos o hermanos entre sí), el linebreeding o cruce en línea (perros emparentados en tercera o cuarta línea) y el outcrossing (sin conexión genética). El primer camino es puntual y el tercero irregular, pues produce un “diente de sierra” que arrojará algunos cachorros muy buenos y otros pobres en características, así que el criador serio recurre generalmente a la segunda vía.

“Hay personas que han ahorrado durante un año para comprarme un perro y han venido desde Madrid y Barcelona gastando en gasolina el dinero que no tienen. Quien llama preguntando directamente cuánto valen mis perros no es el cliente adecuado. Mi cliente es el que me explica quién es, dónde vive, por qué lo quiere; una persona que sepa que adquiere un perro con un valor más alto que la media y con una garantía permanente ante cualquier enfermedad genética”.

La ecuación ingresos-gastos no siempre es lo que parece. Colmenero es un artesano cotizado en todo el planeta, pero no busca el rendimiento económico sino la excelencia. Todavía acepta encargos como diseñador freelance desde su casa en mitad del campo, un lugar donde sufrió el frío y la escasez pero que también le permitió reencontrarse y forjar una ética irrenunciable.

“Los perros como mínimo tienen que costearse a sí mismos. La lógica empresarial no se sostiene en el universo canino”.

Su motivación es diferente: él persigue la perfección de una raza ya bastante redonda, una raza que goza de un reconocimiento impresionante y que ha empujado a criadores de lugares tan remotos como Laponia a exportarla.

 

Federico Durán para EL MUNDO

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